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Me gustan mis labios violetas

  La melancolía de algunas noches me deja  sabor a madera en el corazón. Son las noches de color purpura. Recorro las calles por donde alguna vez pasé... hacia tiempo que no recordaba con facilidad. Camino por veredas empedradas, es una tarde cálida, casi no hay transeúntes. El taco de mis zapatos suena bello contra la piedra. Un escalofrío me sorprende caminando, meto las manos en los bolsillos de mi abrigo, encojo mi cuello y acurruco mi cabeza por unos segundos. Sonrió. La sirena de un barco comienza a romper las barreras del sonido y llega hasta mí… la escucho, y al caminar marco dos tiempos de negra con más énfasis, luego… piano. ¿Porqué alguien llevaría galera en este siglo? ¿Quién sería capaz de ponerle una camisa de tela acuadrille a una orca? Sonrío.
   Me gustan estos borceguís rojos, los tendría que usar más seguido. Me queda una tuca, no sé si fumarla o dejarla para más tarde. Sigo caminando, doblo en una esquina y el terreno sube. Me apuro, porque escucho un bandoneón… es Piazzolla,  que casualidad con las ganas que tenía de escucharlo. Me quedo parada mirándolo, estoy fascinada. Me acuerdo de que tengo un deseo y ahora necesito una fuente, por suerte  traigo una moneda en el bolsillo. No sé si  tirar la moneda en la fuente de las Nereidas, en la fuente de Trevi  o en las fuentes de Los Mares o Marinas… No sé qué preguntarle a una sirena, nunca lo pensé. Mejor voy a pensar las cosas, tengo que estar atenta al destino. Bueno, última copa y a dormir. 

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