Ir al contenido principal

Entradas

Una noche en el fin del mundo

   Los zapatos son del personaje, pensó mientras se quitaba el calzado y se echaba a la vera del río a mirar el agua correr. Solo, tranquilo.     Estaba sentado en el fin del mundo, en ese lugar donde todo se vuelve igual.     Caminé por la escollera, era  el último pedazo de tierra. Caminé lento, pero sin temor, estaba en el fin del mundo.        El ruido del silencio llegó hasta a mí dejándome sordo.    Mi cuerpo estaba liviano, no traía ningún dolor… solo una inmensa curiosidad. Las aguas que rodeaban la escollera se agitaban sin parar, no alcanzaban grandes alturas pero nunca cesaban de moverse.    Mis pasos se torcían en el  terreno irregular de la piedra, nunca perdí el equilibrio.    ¿Qué pasaría después? ¿Qué hay del otro lado?    A cada paso estaba más cerca de la interpretación.    Me detuve, algo pasaba; las aguas estaban perturba...

Me gustan mis labios violetas

   La melancolía de algunas noches me deja  sabor a madera en el corazón. Son las noches de color purpura. Recorro las calles por donde alguna vez pasé... hacia tiempo que no recordaba con facilidad. Camino por veredas empedradas, es una tarde cálida, casi no hay transeúntes. El taco de mis zapatos suena bello contra la piedra. Un escalofrío me sorprende caminando, meto las manos en los bolsillos de mi abrigo, encojo mi cuello y acurruco mi cabeza por unos segundos. Sonrió. La sirena de un barco comienza a romper las barreras del sonido y llega hasta mí… la escucho, y al caminar marco dos tiempos de negra con más énfasis, luego… piano. ¿Porqué alguien llevaría galera en este siglo? ¿Quién sería capaz de ponerle una camisa de tela acuadrille a una orca? Sonrío.    Me gustan estos borceguís rojos, los tendría que usar más seguido. Me queda una tuca, no sé si fumarla o dejarla para más tarde. Sigo caminando, doblo en una es...

El Gran Ladrón

¿Sabes por qué? Porque te despojó el gran ladrón.   El pobre hombre había quedado sin respuestas, nada hacía callar la voz que retumbaba entre las finas paredes de su cerebro.   Sentía unas profundas ganas vomitar todas aquellas incertidumbres que hacían retorcer sus tripas. Tenía decenas de preguntas y  no podía encontrar las respuestas por ningún lugar. Sus recuerdos eran confusos, el presente nunca existía y el futuro, quizás.   Descansaba sobre las mentiras de colores que el ladrón  le iba dejando cada vez que le robaba un “porqué”.    ¡Qué emblema de grandeza! Cuanta mentira toda encaprichada, pobre hombre tan Ser que él creía ser.     Por las noches salía a roer por las calles mendigando amor, rasguñaba el abrigo de cualquier pecho y si era necesario, saltaba a la yugular para que su presa no se escape.    Ausente de primaveras estaba su corazón, aquel hombre buscaba respuestas y con ...

El niño y la rata

           El niño y la rata me dejaron atónita. Me olvide del hambre, de mi desafortunado cruce de frontera, del libro que no saqué de la mochila, de los tres pares de zapatillas que una seño me pidió que le cruzara a Puno. Me olvidé de todo, solo ellos ocupaban mi mente.    Sentía melancolía por dejar Bolivia atrás, viví muchas  aventuras allí, conocí lugares mágicos, amigxs inolvidables como Martín, el pibe de Ringuelet que era titiritero. Shanty y Matu en el “Bicho” cruzando el continente. Gentes de los vientos los que andan. Tantas personas tan lindas, quisiera recordarlas siempre. Pero el momento de seguir adelante había llegado, tenía nuevo destino, Perú. Me encontraba en Yunguyo, en la frontera entre estos dos países, dispuesta a seguir camino a Puno. Compre algunas provisiones, el boleto y di algunas vueltas por ahí, en la plaza me armé de abrigo esperando la caída del sol, mientras esperaba la hora de partir. ...

¿Qué hacemos con el tiempo?

   Mientras lo esperamos, lo dejamos ir. Y cuando lo tenemos, rara vez sabemos que hacer con el. Entonces ¿qué hacer con el tiempo? ¿A qué hora somos felices y comemos perdices?    Si tendría tiempo ¿cuántas cosas haría? Dame tiempo, no tengo tiempo, me sobra el tiempo, falta mucho tiempo, ya pasó mucho tiempo… Y así, podemos seguir un laaargo tiempo.    El tiempo sana, da respiro, aplaca, olvida. Avanza pese a todo. Qué sería de nosotrxs sin el tiempo, sin esa posibilidad de medir nuestra existencia. Quizás entonces seriamos felices y comeríamos esas famosas perdices…    En caso de perder el tiempo, rompa el cristal y vaya a buscarlo. 

Un triangulo en la luna

  quizás la verdad y la mentira sean la misma cosa.     Pero esa noche quiso el universo dejarme ver un triangulo en la luna. Hay cosas que son  increíbles, que ni el paso del tiempo y la sabiduría venidera pueden explicar...  Era una noche silenciosa, la luna estaba llena, perfecta. Gigante. Iluminó el océano, el monte y dibujo garabatos multicolores sobre la piel del mar. Esa noche todos estuvimos en paz,  los humanos, los pájaros, los monstruos, el viento, el silencio y el fracaso.

Manija por la noche

  Estar despierta en la madrugada de un miércoles, es de manija. Estar despierta fumando el cigarro que no me quería fumar, es de manija.   Estar despierta, fumando, pensando en lo que no fue, es re de manija.        Creer en lo que creo es de manija, el miedo que me abruma es de manija… Sin ninguna duda   Sin embargo, lo tenía que intentar. Recién ahora entiendo porqué   la vida es inclusive .   Saber que uno puede pero “no puede”, es de humano. Y como soy humana, me pasa y me pesa.   De la puerta para afuera, queda el mundo .    Tal vez, solo falta detenerse a pensar y desarrollar la paciencia, que es elemental... “El que sabe comer, sabe esperar”.